Irse para quedarse
- Angélica
- 21 may 2024
- 2 Min. de lectura
¿Qué pasa cuando en lugar de acumular decidimos soltar?
El desprendimiento, una práctica tanto milenaria como moderna, nos invita a liberarnos de aquello que ya no nos sirve para abrazar un futuro lleno de posibilidades. Tenía 3 años la primera vez que comence a moverme de un lugar a otro y aunque era muy pequeña para recordar todo, mi inconsciente lo recuerda. El dejar casa, amigos, objetos detrás nunca fue complejo porque siempre estuve rodeada de gente que creaba vinculos seguros, fue hasta que en mi adolescencia me desprendo de estos mismos y comienzo a crear nuevos cuando el irme comienza a generar ansiedad dentro de mi.
El desprendimiento no es solo sobre deshacernos de objetos físicos o alejarnos de personas que ya no resuenan con nuestro ser. Es también sobre liberarnos de viejos patrones de pensamiento y comportamientos autolimitantes que han definido quiénes somos. Al soltar estas cargas, nos damos el espacio para respirar y la libertad para elegir nuevos caminos con corazones más ligeros y mentes abiertas.
¿Pero cómo empezamos este proceso de desprendimiento? La primera vez que lo resentí fue al culminar preparatoria y ver como cada uno de mis compañeros tomaban diferentes caminos. Al ir pasando el tiempo, cada uno fue creando nuevas historias, nuevos vínculos y eventualmente cada uno se transformo. Algunas amistades se quedaron y otras simplemente desaparecieron con el tiempo.
El primer paso es reconocer lo que realmente necesitamos conservar y lo que podemos dejar ir y no me refiero a darse por vencido con ello. A veces esto significa hacer un inventario emocional y físico de nuestras vidas, identificando lo que nos nutre y lo que nos drena, a veces el aferrarnos a lo que fue no nos permite ver lo que es. Otro aspecto importante es aprender a estar cómodos con la incertidumbre que el desprendimiento puede traer. Al soltar lo conocido, nos embarcamos en un viaje hacia lo desconocido, lo que puede ser tanto aterrador como exaltante.
A medida que soltamos, comenzamos a ver cambios notables en nuestras vidas. Menos ataduras físicas y emocionales significan más energía y enfoque para las cosas que realmente importan. Nos volvemos más presentes y conscientes, más capaces de vivir en el momento y disfrutar de las pequeñas alegrías de la vida.
El desprendimiento no es un destino, sino un viaje continuo. Cada día nos ofrece nuevas oportunidades para soltar y renovarnos. No solo nos transformamos a nosotros mismos, sino que también cambiamos la manera en que interactuamos con el mundo a nuestro alrededor. Muchas veces cuando culmino mi tiempo en una ciudad, me toma casi un año soltarla completamente y es que a veces me siento tanto parte de, que he querido quedarme más de tres veces en algunas. Sin embargo, tener la mente abierta y confiar en esa incertidumbre de la vida me ha permitido ir descubriendo cada vez más lugares, más personas y estoy segura que eventualmente encontraré ese lugar, ese grupo y esa persona donde me quiero quedar.
Al final del día, el desprendimiento no se trata de perder, sino de ganar más de lo que realmente vale la pena conservar.

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