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El borrego de oro

Cuento


El Borrego de Oro

Por: Angélica Bañuelos


A un bosque perdido pero no tan escondido cada año llega una especie de borrego que nunca se ha visto en ningún otro lado, un borrego cimarrón con pelaje dorado, cuernos de oro y un cuerpo más fuerte que un elefante, un borrego salvaje, veraz y muy valioso para todas las flores de los bosques.


Este borrego llegaba cuando era el momento indicado nunca antes nunca después, casi siempre cuando las flores habían alcanzado su tercera primavera y se podía visualizar que habían soportado mínimo dos inviernos, llegaba cuando las flores eran conscientes de que recibirían calor en primavera pero también heladas en invierno.


El borrego de oro seleccionaba una flor para convertirla en una flor dorada y llevarla a jardines donde podía crecer tanto que sus raíces cruzaban fronteras. El borrego le ayudaba a abrir puertas secretas, tal como una llave maestra con su cerradura y la flor aportaba con conocimientos al borrego, se volvían un equipo durante un tiempo y cuando la flor nuevamente estaba lista, se despedía del borrego para no verlo y reunirse nuevamente con la tierra, llevando consigo sabiduría y habiendo compartido semillas, sombra y alimento.

Las flores eran conscientes de aquello y a pesar de eso no dejaban de florecer año con año en la espera de los hermosos amaneceres, de los lluviosos veranos, vientosos otoños y fríos inviernos, logrando aquello solo las flores más fuertes y capaces de mantener sus raíces calientes, fuertes y decididas a levantar sus hojas cada año con el sol. Las flores anhelaban la llegada del borrego pues simbolizaba el fin de un periodo en los bosques donde habían crecido para irse a jardínes elegantes, prados, montañas, cada una a un lugar distinto, cada una en un año diferente.

El borrego que llegaba siempre seleccionaba a la flor con mayor chispa, una flor conectada con la tierra no solo en un aspecto físico sino que también emocional, una flor que con cada primavera le brinda sombra a otras, fuerza a las que la necesitaban, polen a los que llegaban, una flor que aportaba antes de pedir pero hubo un año donde esto fue diferente.


Las flores acostumbradas a que el borrego seleccionará a la flor más preparada, hacían lo posible por todas estar preparadas no solo por el borrego sino que para sí mismas pero aquel año las nevadas del invierno no permitieron que todas las flores florecieran al mismo tiempo y algunas se llevaron más tiempo que otras pero aquellas que florecieron con los primeros rayos del sol de la primavera fueron las que cautivaron al borrego en su llegada al bosque específicamente una que se había esforzado solo ese año, dejando sus primeros años olvidados, esperando brillar solo para el borrego y olvidándose de hacerlo para sí misma y los que la rodeaban. Así que mientras las demás flores a pesar de haber florecido antes recuperaban las fuerzas que aquel crudo invierno las obligó a buscar, esta última flor esperó toda su vida para esto, tomando fuerza años previos de otras flores y el resto de las flores sin ningún problema permitieron que esta tomara lo que necesitaba.


Fue así como el borrego cautivado por la belleza y fuerza de esta flor obtenida gracias a otras flores , decidió invitarla al viaje que realizaba anualmente y esta flor sabiendo que no había sido solo trabajo suyo acepto.


Cuando el resto de las flores lograron recuperar sus fuerzas y abrieron sus pétalos nuevamente se dieron cuenta que aquella flor ya no estaba así que desconcertadas le preguntaron a las abejas quienes les respondieron que el borrego de oro había venido por ella. Todas un poco desconcertadas tardaron un tiempo en aceptar aquello no porque no creyeran a aquella flor capaz sino porque entendieron que a pesar de que aquellos borregos son muy especiales para las flores, no eran esenciales y eventualmente cada flor comenzó a encontrar un animal propio al cual le podía servir y este mismo podía ayudar a la flor a crecer.


Fue entonces cuando las flores de aquel bosque perdido pero no escondido entendieron que cada una frente a la especie del reino animal correcto sería igual y hasta más valiosa. Entendieron que lo que no siempre ve uno no es porque no exista sino porque es lo que su vista le permite ver.





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