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El amor de mi vida

La siguiente obra queda protegida por la ley Federal de derechos de autor, México 2020.


El amor de mi vida

por: Angélica Bañuelos





Lo encontré una edad muy temprana y estoy segura de que era él, pues después de años de una de nuestras primeras rupturas seguía existiendo el mismo cariño que le tuve desde el primer día.


Si mal no recuerdo, tenía tres años cuando lo conocí. Mi mamá me llevaba diario a aquel lugar en donde la música seguía siempre ritmos de cuatro a ocho tiempos y a cargo siempre estaba una señora mayor a los cincuenta años. Aquella mujer, tenía un temperamento muy pesado y un carácter fuerte, que hacía que aquel lugar se mantuviera de pie, cosa que a la larga me ayudó a formarme como persona a mi también.

Fue ella durante la primera visita a aquel lugar, quien me presento al amor de mi vida. Al conocerlo me pareció muy peculiar, interesante y complicado. Era algo que desde el comienzo sabía que quería pero veía imposible. Era un tabú del que quería hablar pero en el círculo donde crecía, nadie más lo hacía .


Las primeras ocasiones, nos encontrábamos tres veces a la semana, lunes, miércoles y viernes, una hora y media para ser exacta. El verlo era tan satisfactorio, me hacía sentir feliz, plena, pues era un amor tan inocente, tan puro, yo entregaba lo que se me pedía ,nunca demandaba nada a cambio y él también lo hacía. Así fue durante un par de años, dábamos sin recibir, nos veíamos con nervios y nos conocimos teniendo cierta distancia el uno del otro.


Me sentía más que feliz a su lado, afortunada, lo adoraba. A la edad de nueve años sentía que éramos uno solo, estábamos conectados y a pesar de que había días en los que no quería verlo sabía que cuando yo regresara, él estaría ahí para recibirme con los brazos abiertos.

Con el tiempo me enseño que la música era una parte fundamental en nuestra relación, dijo que no siempre estaría presente pero a pesar de ello aprendimos a hablar a través de ella. Las notas altas, bajas, las melodías y sinfonías, cada canción era una manera bellísima de comunicarnos, la sensación era similar a cuando tienes un sueño que crees real y al despertar te sientes ido.

Pasamos primaveras floridas y veranos eternos, otoños con cálida luz e inviernos helados como el polo sur.



Estuvo ahí en mis primeros cambios psicológicos y físicos, estuvo ahí en mis graduaciones, fiestas de cumpleaños, eventos importantes, momentos complicados, estuvo ahí siempre.


Desde mi perspectiva las problemáticas entre ambos comenzaron poco después de mis doce años, cuando conocí a un chico en mi escuela.

Su nombre era Anthony y le decíamos Tony, aquel niño hizo sentirme especial. Tony siempre era muy atento conmigo, coincidimos en muchas cosas y compartimos secretos que a veces sólo eres capaz de contarle al viento. A Tony le hable de él, del amor de mi vida, con quien tenía una conexión pero no estaba segura de a dónde me llevaba.

Tony lo tomaba con tranquilidad, me dio su punto de vista y me brindó distintos consejos. Fue así como me enamoré de Tony, comenzamos una relación en donde no solo fuimos pareja, si no que se convirtiò en mi mejor amigo, en mi confidente en alguien a quien podía mirar a los ojos y saber qué era lo que pensaba. Se convirtió en alguien que, al verlo sonreír provocaba una tremenda felicidad en mi.


Todo esto llevó a que mi relación con quien era el amor de mi vida se tensara.

El amor de mi vida se volvió más caprichoso y testarudo. El primer año de mi relación con Tony , el amor de mi vida busco la manera de exigir tiempo y espacio pues a pesar de que nunca me dijo exactamente lo que sentía estoy segura de que él presenciaba esa conexión que yo sentía.


En el segundo año encontró pretextos y maneras para que Tony y yo discutieramos cada vez más y en el tercer año, se encargó de manipular lo necesario a Tony para que se fuera de mi vida y quedáramos solo él y yo.


Al terminar con Tony me sentía rota, sin alma, sin vida, era como caminar y estar todo el tiempo dormida, el suicidio vino a mi cabeza un par de veces pero era de esperarse que el amor de mi vida se percatara de ello. Me dio refugio emocional, se disculpó de una manera peculiar y me ayudó a expresar todo aquello que yo no era capaz, me dejó en claro que siempre estaría para mí, me prometió que juntos cumpliríamos todos mis sueños y los de él.



Cada día me levantaba con ganas de que la escuela terminara para poder llegar a su encuentro era mi motivación, mi inspiración y a pesar de que otras chicas estuvieron en su vida mientras yo no estuve, me sentía única para él.


Fue cosa de meses para que volviera a exigirme distintas cosas. Me pidió sacrificar comidas grasosas para lucir bien a su lado y lo hice. Al estar con él, llegue a lastimar partes de mi cuerpo para lograr piruetas que parecen imposibles. Mis pies quedaron hechos trizas, las uñas encarnadas, ampollas reventadas. Me pedía que estuviera ocho horas seguidas con él para que cuando fuera hora de subir al escenario todo luciera como debía.


A la edad de diecinueve años conocí otro lado de él que no conocía. Un aspecto en dónde me dijo que sí cumplía con todo lo anterior, me pagaría por estar a su lado, me dijo que las heridas que surgieran cerrarían con lidocaína, tendría que mudarme a otra ciudad en donde conocería a chicas que también eran feliz por él. Me dejó en claro que si no aceptaba era muy probable que sería la última vez que nos veríamos.

De tan enamorada que estaba yo acepté y nos fuimos. Antes de partir, hable con mis padres, al comienzo no lo entendían pero siendo mayor de edad les dije que mi decisión estaba hecha. Les tomó tiempo apoyarme pero lo hicieron con gusto.


Así pues, nuestra primera parada fue en el Bolshoi, Rusia, dónde me mostró el verdadero éxito. Reflectores para mi, atención las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, una dieta increíblemente balanceada y rodeada de personas importantes. Al parecer había valido la pena todo.

Adoraba mi vida, me pagaban por ello, todo se lo debía a él.


Meses más tarde mis padres sufrieron un accidente, lo que me dejó huérfana y rota pues al estar al otro lado del mundo no me fue posible asistir a su último adiós.

El cómo supere aquella tragedia también se lo debo a él, pues a pesar de ser quien de cierta manera me llevó a estar distanciada de los que más amaba, también fue él quien me enseñó a expresar el odio y rechazo que sentía.



Cargue con el recuerdo toda mi vida, y cuando cumplí veintisiete años, el amor de mi vida me dijo que no era posible que continuara lo nuestro pues había nuevas chicas con gran potencial, me ofreció quedarme para enseñar pero me negué.

No aceptaba el hecho de que él me hubiera dado la espalda de esa manera y después de veinticuatro años juntos solo se dignara a mirar a nuevas.


Pero así es él y siempre será así, no solo conmigo sino que con todos.

Toda mi vida guarde como si fuera un gran tesoro fotografías de él y yo juntos, el odio que le tome y el amor que lo superó. Las malas experiencias que me mostró y las bellas salidas a esos ataques de frustración.


Lo deje ir y él me dejo a mi, cada quien tomó su camino, él por la derecha y yo por la izquierda. De vez en cuando veo fotografías de él con chicas, chicos, se ven plenos y es entendible, pues al amar tanto a alguien tú plenitud se vuelve la tuya y la tuya la suya.

Me fui por mi lado y el por el suyo, pero nos olvidamos que el mundo es redondo por lo que en algún punto del tiempo nos encontramos nuevamente y así hasta entender que sin importar el lado siempre terminaríamos el uno con el otro.



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